Es abogado defensor de pacientes, lo que no le impide tener muchos amigos médicos. Es exigente y si sus peritos de confianza no le dicen que hay caso, no lleva a nadie a juicio.
Nuria Siles 28/10/2008
Es conocido por su profesión de abogado, por impulsar el tribunal del jurado en España y defender la resolución de los conflictos fuera de los tribunales. También por ser el padre de Vicky Larraz, primera cantante de Olé Olé. De sangre española y cubano de nacimiento, tiene un estilo colonial, probablemente vestigio de su origen habanero; un ejemplo de ello es su colección de sombreros.
¿De dónde le viene esa afición?
-La tengo desde pequeñito. Debe ser un tema genético porque a una de mis hijas también le gustan. Soy un poco chapado a la antigua. También me encantan los bastones y las pajaritas. De hecho, fui el primer abogado que empecé a usar pajarita en los tribunales de justicia de Madrid.
¿Ante quién o qué se quitaría el sombrero desde el punto de vista sanitario?
-Yo me quitaría el sombrero ante todos los médicos que están haciendo esa labor tan maravillosa en países subdesarrollados como Médicos sin Fronteras y parecidos, que realizan una labor altruista, de entrega. Tengo que decir que yo no odio a los médicos, los adoro. Es más, el nuevo libro que he escrito está dedicado a mi nieta Claudia, que está estudiando Medicina. Ella quería ser veterinaria y fui yo quien le animó a que fuera médico. Es una profesión maravillosa. Para mí es un orgullo que sea médico. Yo lo sería si no fuera abogado.
¿Y ante quién no se lo quitaría?
-Lo que me molesta mucho, y ahí no me quito el sombrero, es que se haga de la Medicina, que es una profesión de una vocación exquisita, una actividad meramente lucrativa, simplemente un comercio. Creo que son tantas y tan admirables las bondades de esa profesión que hay que cuidar mucho que los que la practican estén al nivel, pues hay gente que entra en ella no por afán de servicio sino de lucro. Me parece inaceptable que no mantengan el nivel ético y deontológico.
¿El sombrero de quién le gustaría llevar?
-Yo estoy muy contento conmigo (risas) Me gustaría ser yo mismo. Es muy importante gustarse, estar feliz con uno, y yo me gusto. Me dicen que me parezco a Sean Connery, pero en pequeño...
¿Tiene algún amigo médico?
-Sí, muchísimos.
¿Cómo se siente como paciente cuando va al médico?
-Aterrorizado.
¿Es hipocondríaco?
-Sí, sí. Soy hipocondríaco.
¿Lo era antes de dedicarse a defender a pacientes?
-Sí, siempre lo he sido, mi madre era muy hipocondríaca y me lo inculcó a mí, pero ahora con lo que veo... Aunque, como dice mi mujer, ninguna de las personas que acuden a mi despacho viene a decirme que le han hecho una operación divina; son gente que ha vivido una mala experiencia. Lo que veo y leo son frustraciones y errores, y eso te va calando.
¿Acepta todos los casos que le llegan a su despacho?
-No. Yo soy muy exigente y no llevo cualquier cosa. No acepto ningún asunto si antes no pasa por un perito de mi confianza y me dice que hay caso. No meto un pleito a cualquier persona.
Su hija, Vicky Larraz, triunfó en los 80. ¿Cómo llevó lo de ser "el padre de..."?
-Muy bien. En las elecciones del Colegio de Abogados de Madrid a las que me presenté, muchos amigos y conocidos pusieron Vicky Larraz en las papeletas. La gente votaba por ella, fue una experiencia muy simpática. Sacó más votos que yo...
En el tiempo que estuvo representando legalmente a Vicky, ¿se planteó dedicarse a ello y hacerlo también con otros artistas?
-No, porque lo hacía como padre, sin cobrar dinero por ello. Siempre me han llamado la atención los temas penales y de servicio público, más que los artísticos. Para mí es un orgullo que mi nieta sea médico. Yo lo sería si no fuera abogado. Me parece que es una profesión maravillosa.